Oda a la Torrija
Nota de la autora: Sin más intención que honrar este bocado de Dioses, os dejo esta receta / oda ahora que llega el momento del año de disfrutarlas.
Oh, corrusco de pan de ayer, dulce bendición de hoy. Aguardas al final del armario, esperando al Miércoles Santo, ansiando tu noble destino.
Esa miga vacía tuya, seca, después de días de olvido, que resucita con el baño blanco, teñido de canela y aromas frescos. Dulce placer el que te brinda este líquido milagroso, devolviéndote con creces la suculencia que una vez tuviste.
Oh, mendrugo, que nadas en el mar terracota, infusionándote en dulce y cítrico, te vuelves esponjoso, y vas empezando a tomar el color oro que te pertenece al final de la transformación.
El huevo te espera para darte el armazón que protege la fragilidad de tu interior, ahora vuelto a la vida. La clave que te permite ser fuente de texturas: crujiente por fuera, jugoso por dentro.
Un último baño te da tu forma definitiva. Ya puedo llamarte lo que tanto ansío: torrija. Esa inmersión final, caliente, dorada y brillante, sella todo tu sabor dulce y acanelado. Meloso y suculento.
Oh, chusco, y ya si me lo permites, una lluvia fina de azúcar. Una cobertura tostada con una llama fuerte para conseguir esa capa final que crepita al cortarla, aportando colores cobrizos y tostados, y regalando un dulce clímax para los oídos, el tacto y la lengua.
Oh, torrija, que sabes a casa, a tardes de cocina con mi abuela. Que hueles a naranja y limón, a madera y especias. Oh, torrija, que eres anuncio de primavera y buen tiempo. Bendito y reconfortante bocado.